—Ahí está mi niña—, chilla mamá tres días después, corriendo hacia mí y aplastándome en un cálido abrazo. Ha estado fuera por un tiempo, pero claro, ese ha sido su modus operandi desde que se divorció de papá. Vacaciones y viajes de autodescubrimiento mezclados con revivir su juventud, o cualquier cosa que sienta que se perdió al convertirse en la esposa de Joaquín Armas. —¿Cómo has estado?
—Estoy bien y feliz de que estés en casa—. Es la verdad. Todos la extrañamos. —Pero aparte de eso, estoy