— ¡¿Dónde estás?!
¡Ares!
—¿¡Donde coño están ustedes!? —grito en tono histérico.
—Tuvimos un problema.
—Pues. Yo tengo uno peor—digo — ¡Ay! —grito cuando siento otro golpe en la parte trasera de mi auto.
—Te estoy rastreando princesa —dice en tono ligero —La ayuda está por llegar.
—Espera, ¿Me pusiste un rastreador? —pregunto indignada.
—Es lo que hay —murmura.
Niego.
No es momento de eso.
—Las chicas —anuncio —Las chicas, están en la Bahía de Newark.
—Siento que te enteraras así, pero ¡Joder