Mundo ficciónIniciar sesiónLeandro
En un principio elegí Barcelona por Lina, siempre decía que su gran sueño era conocer España, y de alguna forma quise venir aquí y conocer los lugares que ella tanto deseaba conocer, solo que ahora siento que no fue la decisión correcta. Estos días con Isa, me he dado cuenta de lo maravillosa que es, me encanta lo natural que es, admiro que no le importe el que dirán los demás, es simplemente ella misma, sin filtros. Hoy es nuestro último día de aquí, mañana regresaremos para retomar nuestras vidas, antes de regresar a ese mundo lleno de locos, solo tengo una propuesta para ella y realmente espero que acepte. —En unas horas regresamos a México, ¿te sientes lista para lidiar con todo lo que conlleva? —Leandro, no nací ayer, he vivido veintiún años en ese mundo, se perfecto lo que se espera de mi, espero que hagas lo correspondiente y por favor no interfieras en mi camino, en mi carrera. Deseo que cuando todo esto termine, yo pueda retomar mi vida sin contratiempos —me regala una sonrisa soñadora y mi corazón se agita de solo verla. —Y si no termina —levanta la vista viéndome a los ojos —si queremos seguir con nuestro ma... —¿Leandro? —esa voz —cariño has venido por mi, sabía que no podrías abandonarme, te he extrañado tanto amor mío —sin esperarlo, siento los labios de Lina devorar los míos. Isabel Lo que faltaba, dejo que el par de tórtolos se reencuentre a su gusto, yo me retiro sin hacer escándalo, mientras camino por las calles de Barcelona, siento como mis mejillas se humedecen por las lágrimas. Es que solo a mí se me ocurre pensar que el sentía algo por mi, que tal vez podíamos darnos una oportunidad de tener un matrimonio real, que ingenua; ahora todo tiene sentido, digo, tampoco es que lo deseara. No, no, no, no voy a fingir que no lo hacía, realmente deseaba que por lo menos nos fuéramos un beso, uno de verdad, no para posar en las fotos, me siento tan idiota en este momento, en verdad que solo a mí le pasa. Me dejó conocer una parte linda de el, solo para romperme en mil pedazos cuando su plan de reencuentro con su "amor" estuviera completado. Mi hermana tenía razón al decirme que no confiara en él, pero no las, desde ahora cada quien por su lado. Regreso al hotel a pie, por suerte no había sacado casi nada de la maleta, así que solo arregle lo poco que tenía en el baño y salí directo al aeropuerto, cambie mi vuelo al más cercano y ahora me encuentro aterrizando en la ciudad de México. Les avisé a mis padres que Leandro se quedaría por cuestiones de negocios, así que vinieron por mi y no recibí ninguna pregunta incómoda. Llegamos a la mansión que los Arriaga nos dieron de regalo de bodas, me despido de mis padres y le presento con el personal de servicio. Durante dos semanas tuve paz, no supe nada de Leandro ni de su "amor", hasta esta mañana, el muy descarado llegó con maleta en mano y con amante del brazo, casi saco el desayuno en ese mismo momento. —Lina no tiene donde quedarse, así que se quedará con nosotros hasta que encuentre un lugar propio —me informa como si yo fuera su secretaria. —No —sin rodeos —esta es mi casa y yo decido quién entra y quién sale, así que puedes tomar tus maletas e irte a un hotel con ella. —Esta también es mi casa y yo también decido quién se queda en ella —me grita, me levanto del sofá y avanzo hasta él. —A mi —me señalo —no le levantas la voz, si vienes molesto por el motivo que sea, saca tus traumas fuera de aquí. Y si no quieres que le marque a tus padres para decirles que has traído a una completa extraña a mi casa, es mejor que te vayas de una maldita vez —no levanto la voz, sin embargo mi tono es una amenaza silenciosa. Nos quedamos viendo durante un largo rato, la tal Lina se acerca y se enreda en el brazo de Leandro, quién no hace ni el más mínimo intento por quitarse de su garras. —Leo, creo que la niña está molesta, es mejor hacer lo que dice, no quiero tener problemas con tus padres y tampoco quiero dañar a nuestro be... —Lleven las maletas de Lina a uno de los cuartos de servicio y mis maletas a la habitación principal —su voz retumba en las paredes vacías. —Perfecto, si ustedes se quedan, yo me voy, espero que estés preparado para pagar la indemnización y perder la presidencia. Me giro para subir por mis cosas, no doy ni tres pasos cuando siento como soy elevada una vez más cuál vil costal de papas. Pataleo, grito exigiendo que le suelte, pero nada funciona. —Eres un descarado, sueltame —me deja caer sobre la cama, se quita la corbata y amarra mis muñecas en la cabecera de la cama. —Regresaste sin decirme nada, ¿tienes idea de cuánto tiempo me pase buscándote como loco? No verdad, y después me entero que mi esposa llegó hace más de dos semanas. esta propiedad, regresé lo más pronto que pude y así le recibes. —No tienes derecho a reclamar nada, cuando el que se equivocó fuiste tú, dejaste que esa mujer te besara, no la apartaste, y por si fuera poco le hiciste quedar como una cornuda delante de todos... —se abalanza sobre mi asustandome. — Yo no la besé —y sus labios se pegan a los míos.






