MADDISON
El piso se me mueve cuando trato de entender la presencia de mi madre aquí, es decir, esto no puede estar pasando, se ve tan bien, como si nunca hubiese tenido cáncer ni muerto, no entiendo lo que pasa, hasta que escucho a mis espaldas como Levi tose sangre y se queja.
—Bájalo —demando al hombre que se hace llamar mi padre.
—No —espeta con dureza—. Él tiene que pagar lo que hizo, por poner sus ojos en mi hija.
Cierro los ojos.
—Es mi esposo…
—No por mucho tiempo.
—¡Si eso es cier