Capítulo 8

Dios mío, ¿qué excusa podría sonar siquiera creíble? ¡No hay manera de que alguien como Mila Ruiz pueda poseer una pinza para el cabello tan cara!

Maldita sea, necesito encontrar un chivo expiatorio rápido.

—Creo que... pertenecía a una de sus antiguas secretarias, señor. Estaba en el cajón de mi cubículo. La encontré allí —respondí al azar mientras intentaba parecer lo m

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