Nina solo me lanzaba miradas de vez en cuando con expresión aburrida, porque de alguna manera habíamos terminado asistiendo a la reunión del pueblo. Observé cómo Thiago hacía una presentación bastante sólida sobre la compra de computadoras.
Por desgracia, los comentarios que recibió no sirvieron absolutamente de nada.
Ni un poco.
—Dios mío, ¿de verdad es tan difícil conseguir unas cuantas computadoras por aquí? —le susurré a Nina con frustración.
—Acéptalo. No todo el mundo en un pueblo está pr