—Señor, dentro de un rato le llevaré el informe a su escritorio.
Miré a Mila... o a quienquiera que fuera realmente esta mujer que estaba de pie frente a mí... y parpadeé varias veces. Asentí rápidamente antes de dirigirme directamente a mi oficina.
Me dejé caer en mi silla, todavía incapaz de creer lo que había pasado.
—Dios mío.
Me froté el rostro, dejando por fin que mi habitual expresión serena desapareciera.
Mi mente volvió a aquel ridículo incidente en el penthouse.
No era porque me hubie