Las palabras de Nina seguían resonando en mis oídos, dejando mis emociones completamente revueltas. Caminé por la acera hacia el paso de peatones, preparándome para cruzar la concurrida calle. El semáforo peatonal cambió a verde y di un paso al frente.
Pero, a mitad del cruce, el ensordecedor rugido de un motor rompió de repente la tranquilidad de la tarde.
Por el rabillo del ojo, alcancé a ver un sedán negro tomando la esquina a toda velocidad, lanzándose directamente hacia mí.
El coche no est