Una semana después de la luna de miel, decidieron regresar a Brooklyn, habían ido a Italia, y la joven quedó encantada de la gastronomía del lugar. De hecho, no paró de comer todo lo que encontraba en las calles de Verona, últimamente tenía muchos antojos.
—No consigo mis zapatillas blancas, ¿la has visto? —pregunta Kyllian entrando a la habitación.
—En el armario —apunta con el control remoto.
—Ah.
Va hacia allí y conseguí el otro par de sus zapatillas blancas, se coloca el calzado apresurado