Ismael asintió.
—Sí, perdona, tenía un juicio al que asistir así que tenía que ir al juzgado en la mañana. Por eso he llamado a Leandro. Él… no te intimidó, ¿o sí?
Julieta recordó aquellos sucesos y desvió la mirada con fingida calma.
Forzó una sonrisa.
—No.
Sabía que mentía, pero Ismael no quería encararla así que no hizo más preguntas. En su lugar la ayudó a colocar la pequeña tabla de la mesa y luego le puso el arroz delante.
—El arroz también tiene caldo de pollo. Es nutritivo.
—Gracias.
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