— Dalila, él me prometió mucho más antes. Mi situación de hoy es tu situación de mañana. No actúes frente a mí.
— ¡Julieta! —bramó Leandro—. ¿Todavía quieres echarle la culpa a Dalila? Si no fuera por ella, que me implora piedad por ti, no habría forma de que te perdonara en absoluto.
— Leandro, por favor no actúes así —suplicó Dalila.
Leandro dejó de hablarle a Julieta, y tiernamente acarició la cabeza a Dalila.
— ¿Tu herida ya está mejor? —le preguntó.
Dalila se hundió en sus brazos, asint