—Jasmine.
Julieta pudo notar que, a pesar de las palabras optimistas de Jasmine, en realidad estaba triste. Pero ella no sabía qué decir.
Siempre fue inapropiado que personas ajenas se entrometieran en asuntos emocionales, pero era por culpa de ella y no podía ignorarlo.
Jasmine se acercó a ella y se sentó a su lado. Miró preocupada las vendas de su cuerpo.
—Julieta, si no te llamo y te pregunto, no me hubiera enterado. ¿Querías ocultarme esto?
—No quiero que te preocupes.
—Lo sé, pero ¿cómo fui