Pero ella no quería hacer eso. Después de todo, su cuchillo no alcanzó a Leandro.
Sobresaltado, Leandro le cogió la mano por reflejo.
—Julieta…
—Leandro, ¿qué haces aquí?
En ese momento Ismael entró corriendo. Empujó a Leandro fuera de la habitación y cerró la puerta. Luego regresó rápidamente a la cama, tomó el cuchillo de la mano de Julieta, lo dejó a un lado y la tranquilizó suavemente.
—Está bien, no temas, no temas.
Julieta parecía acabar de volver en sí. Levantó la vista y lo miró estupef