De pie junto a la ventana, Leandro estaba de espaldas a la puerta, con una mano en el bolsillo. Aunque no se podía ver su expresión, sentía el escalofrío que emanaba de él.
Julieta palmeó ligeramente a Ismael y le hizo señas para que la dejara en el suelo. Se paró apoyándose en la puerta y después de respirar hondo, gritó:
—Leandro ¿qué más quieres saber? —Su voz temblaba; tenía miedo.
Ismael estaba un poco triste sin motivo. Seguramente le había pasado muchas veces.
Al oírla, Leandro se dio vu