—¿Qué demonios quieres? Dímelo.
—Es solo que me encanta verte al borde de la locura. Cuando te vuelvas loca, estoy segura de que Leandro se divorciará de ti. Entonces me convertiré en la señora Cisneros.
Julieta rugió:
—¡Te lo advierto, no hagas nada que no debas!
Pero a Dalila no le importó en absoluto. Soltó una leve carcajada.
—Lo único que haces es gruñir impotente. ¿Qué más puedes hacer?
—¡Tú!
Julieta quiso regañarla, pero de pronto, escuchó el sonido del agua que venía del baño.
Preocupad