Julieta sentía que todo su cuerpo agonizaba. Le dolían los pulmones, el vientre, las manos y las rodillas, y se sentía tan débil que no sabía exactamente dónde empezaba el dolor.
Tras ser arrastrada por Leandro durante unos pasos, se le doblaron las rodillas y cayó al suelo de rodillas.
Sus rodillas rojas e hinchadas ya estaban lastimadas de tanto arrodillarse sobre las rocas, así que se desplomó brusca y pesadamente sobre el suelo, el dolor era interminable.
Julieta no pudo contener las lágrima