Julieta, sofocada por los besos, intentó desesperadamente apartar a Leandro.
Claramente, Leandro quería convertir esto en un momento íntimo, pero ella sólo sentía asco.
Este hombre había dormido con Dalila, ¡era un infiel!
Pero su fuerza no fue suficiente para resistirse al descontrolado Leandro.
El comportamiento del hombre se volvió cada vez más excesivo. Para defenderse, agarró un cenicero y lo golpeó en la cabeza, reprochándole:
—Leandro, ¡¿estás loco?!
Leandro la soltó por el dolor. Se cubr