Tras la huida despavorida del despacho del presidente, Julieta se dirigió directamente al pasillo de la escalera. Se apoyó en la pared y lloró desconsoladamente. Su cuerpo se fue deslizando por la pared hasta sentarse en el suelo.
Pensaba que era lo bastante fuerte, que ya no estaría triste. Pero cuando vio a Dalila y a Leandro tan cerca el uno del otro, el corazón le seguía doliendo como si se lo hubieran cortado con un cuchillo.
Se tapó la cara, se agachó en el suelo y lloró durante un largo r