En ese momento, en el Grupo de Cisneros, Leandro arrojó su teléfono sobre la mesa. Su rostro era sombrío.
—¿Estás seguro de que ha ido a la comisaría?
Renzo tragó saliva y asintió.
—Sí, la señora acaba de irse.
Leandro se rio fríamente. Corrió a ver a Jorge tan temprano por la mañana… ¡de verdad estaba muy enamorada de él! ¿Diecisiete años de amor se veían así?
Aunque me tratabas como basura, yo te seguía tratando como a un tesoro.
Leandro levantó la mano y barrió todos los objetos de la mesa.