Dalila se quedó helada, estaba tan enfadada que se olvidó por completo de su imagen. Se alejó de Renzo mientras se alisaba el vestido:
—Si dices algo al azar, me aseguraré de que no puedas pagar las consecuencias.
Renzo asintió con la cabeza.
—Ya ha dicho que soy solo un perro. Y aunque dijera algo, lo más probable es que el señor no me hiciera caso, así que señorita Ortega, puedes estar tranquila.
—¡Tú!
Sin más rodeos, Renzo dio media vuelta y se marchó. Las palabras que quería transmitir ya