Capítulo XXIII. Promesas, obsequios y amor
- El trabajo ya está hecho - me dice Adriana entre susurros y abriendo la puerta del baño, lugar en el que me quedé escuchando mis audífonos para no tener que escuchar los gemidos de Abdiel.
- ¿Él sigue con los ojos vendados? - le pregunto retirándome los aidífonos.
- Sí, tal como usted me lo pidió - me responde Adriana temerosamente.
- Bien, tienes que quedarte aquí sin hacer ruido y sin abrir la puerta hasta que yo regrese por ti - salgo del baño y Adriana entra a sentarse en la tina de ja