—Sigue dormido en el asiento trasero. Tuvimos que darle un sedante de dosis baja porque no dejaba de forcejear e intentar gritar —informó Betty, ligeramente jadeante, en cuanto el sedán negro quedó estacionado en el garaje interior.
Mary echó un vistazo a través del oscuro cristal del automóvil para asegurarse de que ningún ojo indiscreto estuviera vigilando su llegada.
—¡Rápido! ¡Cárgalo y llévalo adentro! ¡Llévalo directamente a mi habitación del piso de arriba! —ordenó Mary con firmeza a Max,