En cuanto la comunicación telefónica se consolidó, Mary omitió conceder el menor margen para que la mujer en el extremo opuesto se dignara a articular un saludo.
—¡Betty! ¡Gira sobre tus talones de inmediato y conduce a la criatura hacia mi residencia ahora mismo! —chilló Mary; su frecuencia de voz se agudizó notablemente a través del altavoz, impregnada de un pánico que ya se manifestaba incapaz de encubrir.
Del otro lado de la línea, se percibía el rugido del motor de un automóvil amalgamado