—Hola, Lupe —saludó Erick con naturalidad mientras se acercaba al mostrador de la pastelería.
Apoyó un codo sobre la vitrina de cristal, justo frente al espacio donde Lupe se encontraba sumamente concentrada organizando las hileras de pan.
Lupe apenas le dedicó una mirada de reojo. Sin pronunciar una sola palabra, desvió la vista de inmediato y se ocupó deliberadamente en limpiar una bandeja vacía que tenía en las manos.
—¿Por qué sigues mostrándote tan indiferente conmigo? —reprochó Erick con