—Sí, ya lo sabía, Emma —dijo Kenny con una voz que sonaba sumamente firme y serena.
No había rastro de sorpresa en su tono, como si hubiera anticipado esa pregunta desde el principio.
Al otro lado de la línea, Emma se quedó en silencio por un instante, atónita ante la honestidad del hombre.
—Entonces… ¿de verdad no te importa esa realidad, Kenny? ¿Quieres casarte con una mujer cuyo corazón todavía le pertenece a otro? —preguntó Emma, con la voz un octavo más alta debido a la ansiedad.
Kenny cer