—También he preparado los documentos de nuestro divorcio. A partir de esta noche… no quiero volver a ver tu rostro, Mary —sentenció Erick con un hilo de voz sumamente gélido.
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Quieres divorciarte de mí?! —Mary se incorporó del sofá de golpe. El impacto de la noticia le devolvió las fuerzas en un parpadeo.
La mujer avanzó hacia él, lo sujetó por el cuello de la camisa y lo sacudió con violencia.
—¡¿Crees que cometí todos estos delitos sola, eh?! ¡¿Crees que planifiqué ab