—Quítate la camisa —ordenó Elly con firmeza en cuanto ambos estuvieron dentro de la habitación de hotel de Kenny.
—Ya te dije que no es nada, Elly. Es solo una molestia común por el esfuerzo —respondió Kenny, intentando tranquilizar a su prometida con una sutil sonrisa.
—¿De verdad no es nada? —Elly no se dejó convencer tan fácilmente. Sin previo aviso, tomó la muñeca de Kenny y le levantó el brazo para examinar su estado.
—¡Ah! —gimió Kenny por reflejo, contrayendo las facciones al sentir una