La luz de la señal de los cinturones de seguridad acababa de apagarse cuando una azafata de clase ejecutiva se aproximó a la fila número cuatro.
La mujer, impecablemente uniformada, sonrió con cortesía, ofreciendo una canasta con aperitivos mientras servía café caliente en la taza de Erick.
Elly permaneció en silencio, levantando deliberadamente una densa barrera al ignorar la interacción que ocurría a su lado.
—¿Le ofrezco algo de comer, madame? —preguntó la azafata con amabilidad a Elly.
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