—¡¿Por qué demonios me sigues?! —espetó Elly al detenerse en la fila de los asientos de clase ejecutiva.
Elly giró el cuerpo con un brusco impulso en cuanto llegó frente a la fila número cuatro.
Su respiración era acelerada debido a la indignación; desde que habían cruzado la puerta de embarque del avión, los pasos firmes de Erick la habían escoltado como una sombra pegada a su espalda.
Erick no respondió. En su lugar, metió la mano en el bolsillo de su gastado saco, extrajo su teléfono y ence