—No solo porque tú risa lo delate, si no que tú eres una señorita de carnes blanda.
—¿Y siempre estoy en la cama? —insinúa y me detengo.
—No, siempre estás trabajando. —hago una mueca—. Estoy llegando al final, no puede ser que no sepa la respuesta.
—¿No y que eres muy bueno?
Ella se estaba divirtiendo con esto y aunque era divertido, yo quería ese tesoro. Me pongo a pensar mirando la cama, me montó sobre ella y la reviso, entre las almohadas estaba otra pista.
—“Felicidades, has llegado a