—¿Y los otros rostros? —preguntó el doctor Lucky—. ¿Tu capacidad para reconocer los rostros de otras personas también ha mejorado?
—No. Los demás siguen igual. Borrosos. —Davin negó con la cabeza—. Incluso Femina. Mi prometida. Sigo sin poder ver su rostro con claridad. Cada vez que se pone frente a mí, su rostro cambia. A veces se ve de una manera, a veces de otra. La reconozco por su voz, por su perfume, por su forma de caminar. Pero su rostro nunca es estable.
El doctor Lucky miró a Davin co