Y Davin sonrió.
No fue una sonrisa leve que aparecía un instante y luego desaparecía. No fue una sonrisa que Toni tuviera que observar de cerca para poder detectar. Fue una sonrisa real, que levantó ambas comisuras de sus labios, que hizo que las líneas de su rostro, normalmente duras, se vieran más suaves, más jóvenes, más humanas.
Esa sonrisa aún estaba en su rostro cuando la puerta de la oficina se abrió y Toni entró, acompañado por un hombre de unos cuarenta años con el cabello peinado haci