Capítulo 4.

Los hombres terminan de cargar las armas del contendedor hasta que solo quedan un par de cartuchos y algunos revolver metidos en una caja. Cuando ya han terminado y yo estoy alejado de todos ellos el diablo se acerca.

—Fue un placer conocerte. No fue nada personal lo que pasó. Fue bueno hacer negocios.

—Bueno, me quitaste quinientos mil, por supuesto que fue bueno —le contesto y él ríe.

—Sé que no lo compensará, pero te invito, se pasa muy bien en mi club y las mujeres… ¡uf! Un encanto.

—Te lo
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