Fruncí el ceño, preocupada, y empecé a pensarlo. Aunque no estaba segura de por qué, a estas alturas ser violada era lo normal, y yo había dejado de decir que no, así que dudaba que siquiera se clasificara como violación.
Sin pensarlo, me incliné y junté nuestros labios. Era la primera vez que iniciaba algo con él y la primera vez que obligaba a mi cuerpo a responder al suyo. Rápidamente me metió la lengua en la garganta, pero dejé que mi lengua se moviera con la suya. Emitió un fuerte gemido