En cuanto cruzamos la puerta, todas las conversaciones se apagaron y todas las cabezas se volvieron hacia mí.
“Bienvenida de nuevo a clase, Reina Dylan. Por favor, tomé asiento”. Asentí a la Señora Matthews y me dirigí a mi antiguo asiento, donde se encontraba un chico llamado Peter. Lo miré con el ceño fruncido, yo me había sentado en ese sitio durante años. Ese era mi asiento, bien podría haber tenido mi nombre en él.
“¿Puedes moverte, por favor?”. Pregunté. ¿Tenía un tono áspero en mi voz?