El entrenador

(...)

Logró salir un día más del gimnasio, esta vez me tocó hacer abdominales, pecho y hombro. Todo eso en dos horas, no…, siento que me estoy gastando, los huesos me arden, mi cuerpo tiembla cada vez más. Ah, casi lloro y no porque los ejercicios me mataban, casi lloraba porque me estaba muriendo del coraje, ya que el entrenador me decía una y otra vez que podía, que esto no era nada y que todo es mental.

Maldito, desgraciado, como me va a decir que el dolor es mental, mi cuerpo y respiración
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