El gruñido parece vibrar a través del suelo, subiendo por las piernas de todos hasta sus pechos, haciendo que los corazones latan desbocados. Lovetta, que momentos antes irradiaba una arrogancia confiada, ahora parece encogerse ante la presencia que emana de Miguel. Su aura de dominancia llena el pasillo como una tormenta a punto de estallar.
Miguel avanza, cada paso suyo pesado y cargado de amenaza, con los ojos fijos en Lovetta, que no se atreve a moverse. El aire en el corredor se vuelve más