— ¡Saca la daga, Miguel! — El grito de Melody retumba en el claro, su voz llena de urgencia. — ¡Ahora, mientras aún puedo sostenerlo!
Sin dudarlo y con un gruñido bajo, tardando un poco más de lo normal, Miguel regresa a su forma humana. Sus ojos fijos en las ramas que envuelven a Baalberith como serpientes de madera viva.
Miguel avanza con determinación, saltando sobre los troncos en su camino, sus pisadas profundas en la nieve. Aumenta aún más su velocidad, ignorando las heridas abiertas en s