El ambiente en la caverna se vuelve denso, casi sofocante.
Todos dirigen su mirada hacia el altar, donde Sasha comienza a retorcerse violentamente. Sus gritos, antes llenos de dolor, se transforman en algo gutural, primitivo y perturbador. Las notas de su voz se mezclan con un tono sombrío, como si algo antiguo e inhumano se estuviera manifestando a través de ella.
El calor emana de su cuerpo, volviéndose tan intenso que Pedro se ve obligado a soltarla. Se levanta, con los ojos desorbitados