— Si eres una fugitiva, entonces yo también lo soy ahora.
Helena lo miró, sorprendida y emocionada por la sinceridad en sus palabras. Las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, pero esta vez no eran solo de dolor; en ellas había alivio, una sensación de aceptación que nunca había experimentado antes.
Tomó las manos de Pedro, apartándolas de su rostro, pero continuó mirándolo. Necesitaba seguir con su relato.
Helena respiró hondo, permitiéndose una pequeña sonrisa mientras algunos recuerdos