— Para, por favor, para — implora ella, sintiendo los dedos de Miguel descender por su abdomen. Su cuerpo se tensa y comienza a temblar aún más de miedo y humillación. Las lágrimas caen libremente por su rostro, intensificando la sensación de desesperación a medida que los dedos de Miguel se acercan al borde de su ropa interior. — Por favor — suplica de nuevo, su voz quebrada por el llanto, el terror de sentirse tan vulnerable y miserable frente a ese hombre, quien pensó que sería su salvador p