Miguel siente una punzada insoportable en el pecho, y su mano instintivamente toca el área afectada. Una enorme aflicción y terror se esparcen como una ola incontrolable. Gruñe, pero el sonido no es de pura furia… es de agonía. El dolor se mezcla con un sentimiento que rara vez permitía emerger: miedo.
— ¿Qué está pasando? ¿El territorio fue invadido? — Miguel pregunta, su respiración dificultándose, como si manos invisibles apretaran su cuello.
— No, Miguel — responde Luciana rápidamente. — Ll