— ¡No voy a salir de aquí en mucho tiempo, joder! ¡Puta madre, qué coño tan delicioso! — Miguel gruñe, su voz ronca erizando la piel de Sasha.
El cuerpo de Sasha tiembla incontrolablemente, las paredes suaves y cálidas de su interior aprietan el eje de Miguel con más fuerza que antes, las sensaciones son demasiado intensas para que pueda procesarlas.
Su cuerpo se calienta de tal forma que podría jurar que tiene cuarenta grados de fiebre. Su visión se oscurece, el mundo a su alrededor se convier