El sonido de una voz interrumpe el profundo y decadente silencio de la mazmorra, obligándola a abrir los ojos, solo para ser recibida nuevamente por la oscuridad.
— Qué lugar tan inmundo y apestoso — la voz resuena con fastidio, acompañada por el sonido de pasos que se acercan lentamente. — ¡Argh! ¡Maldita sea, hay tantas ratas, qué asco! — La voz se alza, rebotando contra las paredes húmedas.
Ella permanece inmóvil, manteniéndose en la misma posición que ha ocupado por horas, o tal vez días, ¿