Capítulo 43.
El cuerpo le punzaba absolutamente adolorido.
En ese momento Oleika se giró para ver al guerrero y colocó una de sus manos en donde había sido golpeada le ardía, le punzaba, incluso sentía como se estaba hinchando de nuevo su rostro.
— No seas estúpida ¿quién más podría ser?— la reprendió el intruso— ¿dime que no fuiste una de las tantas bestias como tú me llamas?— dijo con desdén— dime que no fuiste tú quién asesinó a mi pueblo, quién los volvió esclavos y quemó nuestras chozas.
Oleika se quedó