C86-LA TENEMOS.
C86-LA TENEMOS.
Santiago no perdió tiempo, apenas cruzó la puerta, el teléfono ya estaba en su mano y caminaba mientras hablaba.
—Muévanse —dijo al hombre del otro lado—. Quiero que usen cada contacto que tengan.
Subió al auto y el motor arrancó, uno de sus hombres ocupó el asiento delantero.
—Tengo gente en Belleville y en Saint-Denis —continuó—. No pregunten nombres. Pregunten por una morra con las descripciones que les di y cuando tengan algo, me llaman.
Colgó y al instante marcó otro número.
—Compadre —dijo, con su habitual acento mexicano—. Te hablo de favor. No es negocio, es deuda. Necesito ubicar a una guerita esta noche.
Del otro lado, el hombre habló y él escuchó.
—Eso pensé.
Colgó otra vez.
—Domenico juega con fuego. —dijo a sus hombres—. Porque cuando haces negocios con alguien, respetas sus alianzas... sus conexiones. —Hizo una pausa deliberada—. Y cuando rompes ese código, cuando secuestras a la hija de un socio, estás pidiendo que alguien venga a recordarte las regla