C84-EL TIEMPO CORRE.
El reloj avanzaba sin piedad.
En la casa de Eros, Alexandros ya no hablaba, daba órdenes.
—Corta rutas secundarias —dijo antes de colgar—. Nada de confrontación directa todavía. Quiero ojos, no cadáveres.
Mientras tanto, Santiago se movía en paralelo, en su teléfono.
—Esto no es casual —dijo, y Alexandros lo miró.
—¿Sospechas de alguien?
—Domenico —respondió Santiago.
***
En otra parte, Landon había planeado esto durante semanas.
El bartender del club exclusi