C84-EL TIEMPO CORRE.
El reloj avanzaba sin piedad.
En la casa de Eros, Alexandros ya no hablaba, daba órdenes.
—Corta rutas secundarias —dijo antes de colgar—. Nada de confrontación directa todavía. Quiero ojos, no cadáveres.
Mientras tanto, Santiago se movía en paralelo, en su teléfono.
—Esto no es casual —dijo, y Alexandros lo miró.
—¿Sospechas de alguien?
—Domenico —respondió Santiago.
***
En otra parte, Landon había planeado esto durante semanas.
El bartender del club exclusivo donde Domenico compraba su coñac francés era suyo ahora. Y fue él quien confirmó una ubicación: una villa fortificada en las afueras.
En ese momento Landon activó su auricular.
—Perímetro asegurado —confirmó una voz.
—Cámaras neutralizadas —añadió otra—. Guardia frontal reducido. Tienes tres minutos antes de que noten que estamos aquí.
Landon avanzó entonces, no solo, sino como la punta de lanza de una operación sincronizada.
La primera puerta cayó con una carga silenciosa, la segun