C46-ESTEBAN CARRERA.
C46-ESTEBAN CARRERA.
Eros bajó del auto sin prisa y detrás de él, otros vehículos negros se alinearon en silencio. La casa estaba apartada de París, rodeada de árboles y muros bajos, era elegante, discreta, de esas que no llaman la atención y esconden demasiado.
En la puerta principal, el mayordomo esperaba.
—Señor, Dervishi lo está esperando.
Eros asintió y lo siguió por un pasillo, entraron a una habitación amplia, iluminada por ventanales y allí estaba él.
Donatello Adriani.
En una silla de ruedas. Ochenta y tantos, delgado, con una manta cubriéndole las piernas, vestía un traje de seda gris, impecable y las manos le temblaban sin control.
Eros se detuvo un segundo y luego avanzó.
—Donatello.
El anciano giró la cabeza con esfuerzo, los temblores sacudían su cuello, sus ojos, en cambio, seguían vivos y sonrieron antes que su boca.
—Mu... muchacho... —dijo, la voz quebrada, arrastrada—. Sigues... igual de... serio.
Eros se sentó frente a él y no perdió tiempo.
—Necesito tu ayuda.
Don