Balto y Blanca guiaron a Gideon hasta el despacho, él dejó muy en claro que la conversación sería solo con ellos dos.
Expectantes, se miraron entre sí después al hombre con la cicatriz en la cara. Gideon quería hablarlo de una buena vez, pero no sabía como abordar el tema.
—Vamos, no nos dejes así. —Se quejó Blanca, ya bastante nerviosa.
—Mi reina, no se ponga de esa manera. —Gideon se preocupó, pues su corazón late desbocado y no es su intensión asustarla. —No volveré. —Blanca y Balto cru