―Mi rey...
—¡Habla! —Gruñó cortándola.
El guardián sabe del lugar secreto de la reina. ―Balto sintió su pecho pesado. ―Ambos se van todos los días y vuelven horas después, cuando usted no está, vuelven hasta altas horas de la noche. ―Bajó la mirada. ―Todos en el pueblo lo hablan, mi rey… No, no puede ponerse en pie. ―Intensó contenerlo, pero Balto con una sola mirada le advirtió.
―Una sola cosa tenías que hacer. ―El grito de Balto los sobresaltó, pero Blanca no sintió más que felicidad por v